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lunes, 29 de abril de 2013

Neandertales, ¿Por qué no están aquí con nosotros?





 Leyendo estos días un libro sobre el genoma neandertal, me viene a la cabeza de nuevo la percepción que tiene la gente sobre los neandertales.
Estos europeos desaparecidos, a los que yo dedico gran parte de mi tiempo y que me han llegado a fascinar, tuvieron ya complicados comienzos. Descubiertos en 1856 en la gruta de Feldhofer, en el valle de Neander (Düsseldorf), generaron polémica desde el primer momento. Dos posiciones contrarias, los que interpretaban esos restos como pertenecientes a una especie humana extinguida, y los que entendían que se trataba de un caso patológico de humano moderno.
Hay restos de neandertales recuperados antes que este, en 1829 en Engis (Bélgica) y en 1848 en Forbes (Gibraltar), pero no habían sido identificados como tales. Durante la segunda mitad del s. XIX varios hallazgos de restos humanos de neandertales junto con fauna, también extinguida, y herramientas de piedra favorecen que a finales de siglo ya se aceptaran de forma generalizada como una especie humana desaparecida.
Seguramente son la especie humana de la que conservamos más fósiles en diferentes yacimientos y mejor estudiada, pero todavía les persigue la fama de brutos simiescos Heredada desde los primeros descubrimientos, algunos de los cuales fueron erróneamente descritos. Es el caso del esqueleto del anciano de la Chapelle aux Saints al que se le describió como un ser encorvado y de rasgos muy arcaicos, cuando en realidad se trata de un individuo con artritis.
Hay tanto entusiasmo en los argumentos de algunos investigadores que defienden que los humanos modernos arrinconamos y eliminamos a los neandertales que acaba dando la impresión de que capacidades reconocidas a grupos del Pleistoceno inferior, como la cohesión social que se ha querido ver en el grupo que cuidó al “desdentado” de Dmanisi, se siguen negando a los neandertales.
Envueltos en un halo de misterio desde siempre, propiciado en parte por estas desafortunadas interpretaciones, la desaparición de estos neandertales- fuertes, con un cuerpo bien construido, cerebros grandes y estilo de vida que llevaba funcionando exitosamente decenas de miles de años-, sigue siendo una de las más fascinantes incógnitas en el campo de la Prehistoria.
Así llegamos al paradigma vigente en los últimos treinta años del siglo pasado: la revolución humana, que postulaba la existencia de dos especies- (evitándose así el hablar de “mezcla”)-, una europea, neandertales, y otra africana, los sapiens. Estos últimos aumentan demográficamente, salen de África y reemplazan a las poblaciones que aquí vivían, siempre gracias a su superioridad tecnológica y cognitiva.
A mediados del s. XX, y gracias a los fósiles de Tabun y Amud en Israel, cambia el paradigma. Estos enterramientos con demostrada carga simbólica humanizan a los neandertales, incluso les ponen sombrero, ya que a raíz de estos descubrimientos se llegó a decir que si se les viste con traje y se montan en el metro de Nueva York, nadie se daría cuenta.
Y, finalmente debemos referirnos al Chatelperroniense como el desencadenante que “hace” humanos a los neandertales. Este periodo, denominado por algunos “la aurora del arte” está bien documentado en Francia y en el norte de la Península Ibérica. Los estratos correspondientes a ocupaciones chatelperronienses albergan colgantes, huesos con decoración geométrica y pigmentos. Hasta hace muy poco el chatelperroniense era considerado un periodo de comienzos del Paleolítico superior, y relacionado por tanto con Homo sapiens. Y recientemente, debido a una serie de hallazgos irrefutables en los que aparecen restos neandertales asociados a chatelperroniense, se comienza a valorar la posibilidad de que esos objetos formaran parte del imaginario neandertal.
Ahora tenemos de nuevo dos posturas: los que concedemos a los neandertales las capacidades que se infieren a partir de su registro; y los que se empeñan en negarlas.
Está comprobado que los neandertales, incluso antes de los periodos denominados de transición como el Chatelperroniense, utilizan elementos simbólicos en su vida cotidiana, que probablemente decorasen sus cuerpos, que utilizaban plumas con finalidades ornamentales, y está claro también que desarrollan un comportamiento que se puede definir como humano, muy similar al de Homo sapiens.
Claro está, siempre habrá quien defienda la aculturación, que no es más que una aderezada forma de escribir imitación. Hay investigadores que todavía hoy defienden que estos “incipentes” comportamientos en los grupos neandertales se producen por imitación de los recién llegados sapiens…Pero a mí me gustaría resaltar que ya se pueden ver estos comportamientos con anterioridad a la llegada de los humanos modernos, y que por tanto debemos eliminar esta idea.
En el registro arqueológico vamos viendo como a partir de una fecha que ronda los 60.000 años, se advierten cambios en los patrones neandertales. Cambios que Clive Finlayson por ejemplo achaca al clima, argumentando que después de soportar decenas de miles de años la rigurosidad climática, las últimas poblaciones neandertales serían como las poblaciones en peligro de osos panda actuales.
Sin embargo, algo que todavía se nos escapa y que debió suceder antes de la llegada de los humanos modernos, sumió a los grupos neandertales en el principio de su fin.
Vamos conociendo cuestiones como el color del pelo, si tienen o no lenguaje articulado, el grupo sanguíneo, que practican la exogamia femenina, y otras cuestiones que nos acercan de manera definitiva a estos seres. Sin embargo, todavía no sabemos por qué estamos nosotros aquí y no ellos, es decir, por qué se extinguieron?. Lo que sí debemos plantearnos a estas alturas, es que el papel de Homo sapiens no fue decisivo en esta cuestión.
Pero no hay por qué alarmarse, la idea de clonar a un neandertal como se ha sugerido recientemente, es por el momento ficción…

miércoles, 24 de abril de 2013

Un "cactus andante" en China

El hallazgo de restos fósiles de una inusual criatura en China, apodada el "cactus andante", añade nuevos datos a la comprensión de la evolución de los artrópodos. Según publican hoy sus descubridores en la revista Nature, el descubrimiento aviva el debate científico sobre si el endurecimiento del esqueleto externo comenzó o no con el desarrollo de patas robustas.

La mayoría de los grupos de animales que existen actualmente aparecieron en el registro fósil durante la explosión Cámbrica, un período de rápida evolución que comenzó hace 500 millones de años. Jianni Liu, del Departamento de Geología de la universidad china de Northwestern, y sus colegas hallaron una especie de lobopodio en el suroeste del país con una longitud de seis centímetros. El animal, bautizado como Diania cactiformis, tiene el aspecto de un delgado gusano de cuerpo blando con diez pares de patas robustas, espinosas y articuladas. Podría ser el pariente fósil más cercano a los modernos artrópodos (entre los que se incluyen arañas y crustáceos). Aunque el cactus andante parece pertener a una rama que desarrolló patas robustas antes de que su cuerpo se endureciera, aún no está claro si esto sería aplicable a los artrópodos en general.

lunes, 15 de abril de 2013

¿CUÁL FUE EL PRIMER HOMÍNIDO?

Actualmente se considera que hace 3 millones de años Australopithecus dio origen a dos linajes paralelos, por una parte el de Paranthropus, más robustos, especializados en una dieta vegetal dura (tubérculos, tallos, nueces), que requirió de mandíbula y molares más grandes y músculos faciales poderosos sujetos a una cresta sagital; y por otra parte el de Homo, con cerebro relativamente grande, mandíbula y dientes de menor tamaño y huesos más gráciles. Ambos géneros existieron simultáneamente durante un millón de años.
Más o menos simultáneamente con Paranthropus aethiopicus surgió otro hominino, con un cerebro más desarrollado, Homo habilis, al que debe atribuirse la cultura de los guijarros tallados y que fue bautizado en un principio como Telantropus o Prezinjantropus. Se trata de una especie intermedia entre los australopitecos y Homo ergaster, y dentro de la cual algunos autores integran a Homo rudolfensis. Su capacidad craneal era de entre 600 y 700 cm³, por tanto superior a la de los australopitecos. Estos homininos se extendieron por toda África oriental donde se han encontrado sus restos.
Homo ergaster, probable descendiente exitoso de H. habilis, proliferó y fue el primer hominino que emigró de África y se esparció por Asia hace por lo menos 1,8 millones de años. Restos de sus descendientes se han encontrado en Georgia (Homo georgicus), China, Java y otros lugares, donde sus descendientes se estabilizaron y multiplicaron evolucionados en la exitosa especie Homo erectus, de la cual quizá surgió tardíamente una especie pigmea en las selvas indonesias, Homo floresiensis. En el otro extremo de Eurasia, H. ergaster o un descendiente suyo originó a Homo antecessor; sus restos, de 1,2 millones de años se han encontrado en Atapuerca (España); es probable que esta especie originara a Homo heidelbergensis, antecesor a su vez del Hombre de Neandertal, especie con un cerebro de tamaño similar al del hombre actual, que pobló toda Europa y alcanzó Asia occidental durante la última glaciación.
Mientras tanto, otros descendientes de Homo ergaster en África, morfológicamente cercanos a Homo antecessor, dieron lugar hace unos 500.000-300.000 años a Homo rhodesiensis, antecesor inmediato del hombre actual, Homo sapiens, originario de África del sur u oriental, de donde comenzó a poblar el resto de África y pasó a Asia y luego a Europa, América, Oceanía y Polinesia. La genética permite hoy seguir el curso de las migraciones de esta especie y establece, por una parte, que todos los humanos actuales descienden de los grupos de sapiens que vivían en África hace más de 100 mil años, y por otra parte, que los neandertales no son antepasados de los sapiens, sino una especie que surgió de forma paralela y se extinguió.

jueves, 14 de febrero de 2013

Hallan microorganismos genéticamente cautivos que explicarían la mitocondria.

La teoría de la simbiogénesis, como fuente de diversidad durante el proceso de evolución, ha sido propuesta de un modo u otro desde principios del siglo XX por distintos evolucionistas: Konstantín Merezhkovski en 1909 desde Rusia, E. Wallin en 1927 desde EE.UU. y Paul Portier desde Francia. Lynn Margulis, rescató estas ideas de un olvido muy conveniente, después de haber probado que la aparición de las células eucariotas es consecuencia de procesos simbiogenéticos (transferencia masiva de material genético entre dos especies). Ella añade a la clásica visión NeoDarwiniana la noción que la aparición de nuevas especies, el propio mecanismo de especiación, y la mayoría de órganos y caracteres de los organismos son producto, igualmente, de procesos simbiogenéticos. Por supuesto, que la inmensa mayoría de la comunidad científica no acepta su propuesta, solo acepta instancias aisladas de endosimbiosis, tal como el origen del orgánulo denominado mitocondria.
En la actualidad, la comunidad científica acepta abrumadoramente que toda diversidad biológica es consecuencia de mutaciones aleatorias del ADN sobre la cual actúa la selección natural, no considerando que el mecanismo de simbiogénesis juegue un papel rector en la evolución salvo en el caso concreto del paso de procariotas a eucariotas.
darwin neodarwinismo simbiogénsis mitocondria evolución algas
La fotosíntesis es un proceso clave para la vida en la Tierra que sólo plantas, algas y algunas bacterias son capaces de hacer. La teoría de la evolución microbiana sugiere que hace unos 1.000 millones de años, hubo microbios que desarrollaron una endosimbiosis con otros organismos dotados de propiedades fotosintéticas. Esto condujo a que los primeros, por así decirlo, “absorbieran” a los segundos, y usasen a estos “prisioneros” como fábricas de alimento accionadas por energía solar para asegurar su nutrición.
Esta absorción debió acarrear que finalmente el microbio original adquiera capacidad fotosintética, y que el resto del organismo “cautivo” desapareciera. Sin embargo, hasta ahora ha sido endeble el conjunto de evidencias de que esta absorción microscópica fuera la que finalmente condujo a los organismos fotosintéticos actuales.
La endosimbiosis es una asociación íntima entre especies, en la que una célula vive dentro de otra. Si las células viven juntas el tiempo suficiente, intercambiarán genes, aunque a menudo mantienen cada una su membrana celular y algunas veces sus propios genomas. Con el paso de las generaciones, esta relación puede acabar conduciendo al surgimiento de una nueva forma de vida.
Los científicos sospechan desde hace tiempo que la endosimbiosis está detrás de muchos saltos gigantes de evolución, pero es difícil encontrar casos en los que una fase muestre de forma inequívoca las dos identidades en proceso de fusión.
Una interesante investigación sobre el fenómeno en dos algas, Guillardia theta y Bigelowiella natans, ha sido llevada a cabo por el equipo internacional de Bruce Curtis, de la Universidad Dalhousie en Halifax, Canadá, y Geoff McFadden de la Universidad de Melbourne en Australia.
El estudio de estas dos enigmáticas y complejas algas ha revelado ese proceso de “absorción” en acción. Ahora los científicos pueden examinar a un organismo fotosintético que consta de dos “suborganismos” por así decirlo, lo que permitirá averiguar muchos detalles sobre cómo dos organismos que originalmente eran muy diferentes se han acabado fusionando genéticamente.
Al principio, los organismos cautivos son como prisioneros en un campamento de trabajos forzados. Reciben comida de sus captores y trabajan para ellos. Pero la barrera entre ambos organismos se va haciendo más ambigua con el paso del tiempo, hasta que, cuando se dan las circunstancias apropiadas, el organismo que vive dentro del otro se fusiona gradualmente con éste, dando lugar a un organismo único. En la fase actual, las dos células de los organismos citados, una cautiva y la otra captora, aparentemente han alcanzado una situación evolutiva en la que ambas son dependientes la una de la otra para sobrevivir.
Este descubrimiento añade mayor credibilidad a la teoría de que gran parte de la vida fotosintética en la Tierra y la biodiversidad resultante comenzaron gracias a la fusión entre dos organismos viviendo uno dentro del otro.
vía cooperacion..

 

El Futuro Humano

Con los años el ser humano evoluciona y como consecuencia de estos cambios hay partes del cuerpo que ya no cumplen función alguna.

Las muelas del juicio: No son necesarias para la correcta ingestión de los alimentos, eran útiles a la hora de masticar ramas o huesos, pero ya no son de mucho uso, más que para darnos dolor.

El apéndice: Servia como área especial para digerir celulosa cuando la dieta de los humanos era más vegetariana.

Los músculos erectores del pelo: Antes servían para erizar el pelaje y simular un cuerpo más grande y como protección en épocas de aislamiento, pero actualmente a no tener casi pelo se puede prescindir de esta musculatura.

El dedo meñique: Con el tiempo cada vez se hace más pequeño y llegara el momento en que desaparezca por completo. Es prescindible para el equilibrio de nuestro cuerpo.

El coxis: Son vertebras fusionadas, es lo que nos queda del rabo que alguna vez tuvimos.

Puede que en un futuro ya no tengamos estas partes pero hayan aparecido nuevas.

lunes, 4 de febrero de 2013

Aumentan los casos de evolución acelerada en algunas especies

Las actividades humanas y el cambio climático impulsan súbitos cambios genéticos en animales


Las actividades humanas y el cambio climático se están convirtiendo en agentes de la evolución de las especies, provocando cambios genéticos en pocos años, cuando históricamente se han necesitado cientos si no miles de años para que se produzcan. El último episodio de evolución acelerada ha sido detectado en un sapo gigante australiano, que en sólo 70 años ha desarrollado patas más grandes para poder colonizar territorio virgen. Además, ha provocado una modificación en las mandíbulas de las serpientes del país para que estos sapos puedan servirle de alimento. Ardillas de Canadá alumbran a sus crías 18 días antes del ciclo natural para poder alcanzar las nueces maduradas antes de tiempo debido al cambio climático. Y salmones norteamericanos se han dividido en dos especies diferentes en sólo 60 años para adaptarse a un nuevo entorno. Por Eduardo Martínez.



El Bufo Marinus
El Bufo Marinus
Las actividades humanas y el cambio climático están provocando que algunas especies animales evolucionen con rapidez. El última caso conocido es el del llamado Sapo gigante o Bufo Marinus, cuya propagación en Australia aumenta año tras año desde que fuera traído a ese país en 1935.

Richard Shine, de la Universidad de Sydney, ha descubierto que este sapo se está expandiendo por Australia con una velocidad inusual gracias a unas modificaciones genéticas que en menos de 70 años le han proporcionado unas patas mucho más grandes que las originales.

Los resultados de su trabajo han sido publicados en la revista Nature, donde explica que, desde que en 1935 fuera introducido un cargamento de estos sapos en el país, importado desde Hawai con el fin de combatir las plagas de escarabajos que sufrían las plantaciones de caña de azúcar, el Bufo marinus se ha extendido alarmantemente.

En el periodo que va desde 1940 a 1960, estos sapos “tomaron” unos diez kilómetros de territorio desde la región de Queensland. En la actualidad, invaden nuevas áreas a un ritmo de 50 kilómetros al año. Como media, avanzan más de medio kilómetro cada tres días. En total , el Bufo Marinus se ha expandido a lo largo de más de un millón de kilómetros cuadrados de la Australia tropical y subtropical.

Adaptación útil y cambio climático

Según explica Shine en un comunicado difundido por la Universidad de Sydney, existen más casos de evolución acelerada de otras especies en Australia, como consecuencia de la introducción del sapo gigante en el país.

Señala al respecto que las serpientes nativas intentaron en un principio comerse a estos sapos, pero que morían en el intento porque, además de grandes, estos sapos son tóxicos debido a secreciones venenosas. Pero, en sólo unos años, las serpientes han modificado sus mandíbulas, de manera que se han vuelto capaces de utilizar a estos sapos como alimento y ya no son vulnerables a su veneno.

El Bufo marinus es sólo un ejemplo de lo que puede ocurrir como consecuencia de la acción humana o del calentamiento global. En los últimos 20 años, los biólogos evolucionistas han advertido de la relevancia que están tomando los casos de las especies que viven una evolución acelerada.

Por un lado, este hecho es positivo: el número de especies que se extinguirán como consecuencia del impacto humano sobre la Tierra será menor porque la capacidad de adaptación les permitirá sobrevivir. Por otro, como es el caso del sapo australiano, la modificación genética se ha convertido en un desastre ecológico.

Ardillas de Canadá, salmones de USA

Otro ejemplo de esta capacidad de evolución acelerada la encontraron recientemente investigadores de la Universidad de Alaska por primera vez en mamíferos: se trata de la ardilla roja del territorio de Yukon, en Canadá.

Tal como publicó en su día el Alaska Science Forum, este animal ha logrado adaptarse genéticamente al calentamiento global: sus hembras dan a luz una media de 18 días antes de lo que lo hacían sus abuelas. La finalidad de este adelanto de nacimientos: ser las primeras en alcanzar las nueces que maduran antes de lo habitual debido al cambio climático.

Hay otros casos documentados de la así llamada evolución rápida que sorprenden a los biólogos evolucionistas. Andrew Hendry, de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos), llamó la atención en 2000 al publicar un artículo en la revista Science señalando que habían bastado sesenta años para que los salmones del Lago Washington se escindieran en dos poblaciones diferentes.

Esta rapidez (sólo sesenta años) contradice la creencia de que la evolución de las especies se produce en cientos o miles de años y que por lo tanto no puede ser percibida en tiempo real durante el tiempo de vida de un científico.

Diez veces menos tiempo

El caso de los salmones es bastante elocuente: introducidos en los años 30 en el lago Washington, cerca de Seattle, en sólo 60 años se han formado dos grupos distintos: uno se ha establecido cerca de la orilla, el otro en las profundidades. Las dos poblaciones de salmón han desarrollado adaptaciones diferentes al medio que les diferencian entre sí un 10%, según la investigación de Andrew Hendry, de ocho años de duración. No obstante, serñala Hendry, serán necesarias todavía nuevas generaciones para que los salmones terminen siendo completamente diferentes entre sí desde el punto de vista genético.

El estudio de Hendry confirmó lo que suponían los modelos teóricos de la especialización de las especies: que las diferencias desarrolladas por una población para adaptarse al medio, contribuyen a aislarlo sexualmente y le impiden reproducirse con individuos de la misma población original, provocando así el nacimiento de una nueva especie. Es uno de los tipos de especiación.

En el caso de los salmones del Lago Washington, el aislamiento reproductivo se habría instalado en un máximo de cincuenta años, es decir, en el espacio de sólo 13 generaciones, un período de tiempo diez veces menor que el estimado para el nacimiento de una especie, según los modelos teóricos vigentes.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El origen del hombre

El origen del hombre

El origen del hombre de 1871 (en inglés The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex) es el segundo libro sobre la teoría de la evolución de Darwin1 Después de su libro de 1859, El origen de las especies escribirá El origen del hombre, donde aplica la teoría de la evolución de la selección natural a la evolución humana haciendo especial hincapié en la importancia de la selección sexual. Además el libro aborda muchos otros aspectos sobre psicología evolutiva, ética evolutiva, diferencias entre las distintas razas de seres humanos así como el papel dominante de la mujer en la elección de compañeros de apareamiento.2 Al final del libro nos indica cual es la principal conclusión en relación al origen del hombre:
La principal conclusión a la que aquí se ha llegado, y que actualmente apoyan muchos naturalistas que son bien competentes para formar un juicio sensato, es que el hombre desciende de alguna forma altamente menos organizada. Los fundamentos sobre los que reposa esta conclusión nunca se estremecerán, porque la estrecha semejanza entre el hombre y los animales inferiores en el desarrollo embrionario, así como en innumerables puntos de estructura y constitución, tanto de importancia grande como nimia (los rudimentos que conserva y las reversiones anómalas a las que ocasionalmente es propenso) son hechos incontestables.3

viernes, 30 de noviembre de 2012

La evolución del pájaro..

BEIJING.- El hallazgo de un fósil de dinosaurio volador de la familia de los Terópodos en el noreste de China podría ayudar a aclarar el misterioso origen de los pájaros. Los científicos chinos creen que éste podría ser "el eslabón perdido" entre dinosaurios y pájaros modernos.

Una información de la agencia oficial Xinhua recoge declaraciones del profesor Ji Qiang, de la Academia China de Geología, quien aegura que esta especie guarda un estrecho parentesco con el Archaeopteryx, la especie voladora más primitiva conocida por el hombre, descubierta en Alemania en 1860.

El fósil, que ha recibido el nombre de Shenzhouraptor Sinensis (Shenzhou significa "Tierra Divina" en chino), fue descubierto el pasado mes de mayo en el distrito de Yixian (provincia de Liaoning).

Teorías contradictorias
A lo largo de los últimos 150 años, los especialistas se han aventurado a divulgar un gran número de teorías contradictorias sobre el proceso de evolución de los pájaros, que se podrían resumir en dos: los pájaros descienden directamente de los dinosaurios o proceden de los reptiles
primigenios.

"Este hallazgo podría ser ese eslabón perdido que los expertos hemos echado de menos durante décadas entre dinosaurios y pájaros modernos. Aunque no tenemos la respuesta definitiva, este hito avivará con seguridad el debate sobre la auténtica definición de los pájaros", augura Ji.

Este animal, que vivió supuestamente hace millones de años, se caracterizaba por la ausencia de dientes, contaba con unas extremidades posteriores más largas que las anteriores, una larguísima cola, más de 20 vértebras caudales y un esternón con forma de U.

Además, debía tener unas alas con una gran capacidad de tracción, a la vista de su tamaño, lo que sumado a la forma de su pelvis, extremidades, omóplatos y alas, nos garantiza que podía volar, asegura.

Capacidad voladora

En cambio, Ji no se decide a aventurar las distancias que este animal podría cubrir en su vuelo, aunque apunta que su cola -factor esencial a la hora de orientarse y mantener la estabilidad en el aire- es definitivamente más larga que la de su pariente lejano, el Archaeorteryx.

A la vista de sus pezuñas (rectas y poco flexibles), el Shezhouraptor no parece, en cambio, capacitado para trepar árboles, agarrar ramas y deslizarse, pero sí podía correr a gran velocidad y desplazarse por las laderas de las montañas.

"Aunque esta nueva especie se decanta a favor de la tierra firme -correr y volar-, no se puede descartar la versión arbórea en el estudio de futuras especies", precisa.

El profesor chino relata que "probablemente, los pequeños carnívoros y los dinosaurios omnívoros o vegetarianos evolucionaron en dos familias de pájaros diversificadas entre sí. Unos pájaros podían correr rápido para evitar a los depredadores y otros tenían la innata capacidad de volar".

Dinosaurios con plumas

El equipo de geólogos de Ji ya había asombrado al mundo a finales de los años 90 con el hallazgo del Sinosauropteryx, el Protarachaeorteryx y el Cuadirteryx, todos dinosaurios terópodos no voladores, pero equipados con plumas envolventes.

"Este caso es diferente. El descubrimiento del Shenzhouraptor ha cubierto un hueco en el estudio de la evolución de los animales. El debate sobre el origen de las especies ha abierto una nueva brecha", subraya Zhang Hongtao, subdirector del Departamento Chino de Geología.

Aunque los expertos no han podido describir paso por paso y con exactitud la evolución del dinosaurio en el pájaro, el descubrimiento de esta especie voladora -al tiempo que terrestre- podría culminar una búsqueda que se inició alrededor de los años 50 del siglo XIX con las investigaciones de Darwin, autor del "Origen de las Especies".

lunes, 19 de noviembre de 2012

La evolución del ojo

El ojo humano es el órgano predilecto de los antievolucionistas. A menudo, esgrimen su complejidad para intentar echar por tierra la teoría formulada por Charles Darwin. Y hasta citan al naturalista inglés en su apoyo. «Parece absurdo de todo punto -lo confieso espontáneamente- suponer que el ojo pudo haberse formado por selección natural», recuerdan que dejó escrito en 'El origen de las especies' (1959). Sí; pero no. La cita original es más larga y en ella Darwin concluye que el ojo es un producto de la evolución. Un grupo de investigadores del Laboratorio Europeo de Biología Molecular presenta hoy, en la revista 'Science', pruebas del origen de ese órgano.
Las células fotosensitivas -sensibles a la luz- de los vertebrados y de los invertebrados son diferentes, hasta el punto de que algunos biólogos han considerado la posibilidad de que el ojo surgiera en la evolución dos veces, una en cada tipo de animal. El equipo de científicos alemanes liderado por Detlev Arendt y Jochen Wittbrodt ha descubierto ahora que hubo un ancestro común de vertebrados e invertebrados que poseyó ambos tipos de sistemas visuales, y que los bastones y los conos de nuestros ojos derivan de otras células fotosensitivas que estaban en el cerebro de aquel antepasado.
«No es tan sorprendente que las células del ojo humano procedan del cerebro. Todavía tenemos células fotosensitivas en nuestro cerebro que detectan la luz e influyen en nuestros ritmos diarios de actividad. Muy posiblemente, el ojo humano se desarrolló a partir de células fotosensitivas cerebrales. Sólo después en la evolución, esas se reubicarían en lo que es un ojo y se adquiriría la visión», explica Wittbrodt. Ha llegado a esa conclusión gracias a un fósil viviente: 'Platynereis dumereili', un gusano marino que apenas ha cambiado en 500 millones de años.
Arendt levantó la liebre al ver en el cerebro del animal células fotosensitivas «que se parecían a los conos y bastones del ojo humano. Me intrigó la idea -dice- de que ambos tipos de células (las de invertebrados y humanos) tuvieran el mismo origen evolutivo».
Para probar esa hipótesis, su equipo usó una nueva herramienta: la 'huella molecular', la combinación única de moléculas de cada célula a partir de la cual se puede saber si dos células comparten un ancestro. Y resultó que la 'huella molecular' de los ojos de los vertebrados casaba con la de las células fotosensibles del cerebro del gusano marino. «Es una prueba de un origen evolutivo común. Hemos resuelto uno de los grandes misterios en la evolución del ojo humano», dice Kristin Tessmar-Raible. Los antievolucionistas tendrán que mirar a otro lado para atacar a Darwin.

LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE